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viernes, 9 de febrero de 2018

Necesidad de refresco

Anagrama

Han pasado casi cinco años de su publicación y, sin embargo, estamos ante la última novela de Paul Auster aparecida en el mercado. Es una buena noticia. Trataré de explicar porqué. Hace un lustro, Auster se acostumbró a publicar narrativa casi cada año. La excelencia prolífica está al alcance de muy pocos. Woody Allen y para de contar. Sunset Park confirma una sensación que quedaba al leer algunos de los títulos inmediatamente anteriores del neoyorquino. Auster sigue escribiendo estupendamente. Pero pareciera que se conforma con plantear. Si sus últimos desenlaces ya se tornaban insípidos, en Sunset Park podemos hablar ya sin ambages de desgana. El punto de partida era atractivo. Situaba a un muchacho siete años después de haberse ido sin despedirse de Nueva York. Rompe con todo su pasado y ni su padre, radicado junto a su segunda esposa en la Gran Manzana, ni su madre, una actriz de Hollywood saben, al menos de primera mano, su paradero. Ya iremos viendo los motivos. Pero decide regresar. Y lo hace a una casa en ruinas en la que viven, a lo “okupa”, un amigo suyo con dos chicas.
No debe ser fácil editar a uno de los novelistas vivos de mayor prestigio. Pero aquí hubiese hecho falta un severo replanteamiento. Hagan la prueba: lean la novela y pregúntense qué les han aportado los personajes femeninos que comparten piso con el protagonista en Nueva York. O mucho me equivoco o la respuesta será “muy poco”, por más que la trama secundaria de una de ellas suponga una hermosa reivindicación de una de las películas favoritas de quién les habla, Los mejores años de nuestra vida(The best years of our lives, William Wyler, 1946).
Este parón en su frenesí publicador no puede ser casual. Seguro que el siguiente Auster que leamos vuelve a estar a la altura de las expectativas.
SUNSET PARK
Paul Auster
Anagrama. Barcelona, 2010. 288 páginas.
PVP: 18’50 euros, 9 euros (bolsillo), 7’49 euros (e-book)

lunes, 15 de enero de 2018

Que no se prive

laestrategiadelagualorenzosilva
Lecturas y lectoras

Está uno leyendo esta entrega de Bevilacqua y Chamorro -o sea, en la gloria: embelesado con la trama, siguiendo cómplice la evolución de unos personajes perfectamente definidos a los que ya se tiene casi cariño- cuando, de repente, un pasaje activa algo en el cerebro. Concretamente, en ese curioso apartado dónde almacenamos recuerdos de cosas de lo que un día fue actualidad que, mal que bien, seguimos y que ahora almacenan polvo, prestos a ser totalmente olvidados. Uno de los personajes pide estrambótico consejo a una alta autoridad judicial. Con su consulta, parece casi apuntar una propia conducta sospechosa. Un poco de Google es suficiente para terminar el puzzle: para La estrategia del agua, Lorenzo Silva se basó en un suceso real, aquel que involucró de una manera un tanto chusca a la entonces presidenta del Tribunal Constitucional, María Emilia Casas.

Lo anterior es, a la postre, anecdótico. La novela funciona a la perfección por sí sola. La saga de guardias civiles avanza en progresión geométrica. El matrimonio entre thriller y casticismo está perfectamente avenido. Silva nos conduce por los casos tal y cómo estos se instruyen por los jueces e investigan por los agentes del orden -guardias civiles, en este caso- en España. Y por eso resultan más interesantes. Si a eso sumamos el perfecto dibujo de los dos personajes principales -Bevilacqua narra en primera persona y es un protagonista memorable, aunque el dibujo de su compañera Chamorro es igualmente antológico- el resultado es una lectura absorbente. Los lectores tenemos suerte de contar con Lorenzo Silva. Quedan tres títulos publicados, el último de ellos hace pocos meses. Y todos los demás con los que el de Getafe quiera obsequiarnos. Que no se prive.

LA ESTRATEGIA DEL AGUA
Lorenzo Silva 
Destino. Barcelona, 2010. 384 páginas. 
PVP: 18'50 euros, 8'95 euros (bolsillo), 4'99 euros (e-book) 

Entonces, pero con ojos de ahora

Casa del Libro  Las memorias de  Bono . Ah, no, perdón. Sus diarios. Resulta que el político de Salobre no acaba un día sin anotar su...